No pudimos resistirnos y le pedimos a nuestro amigo Raúl de Arcángelis Martínez, nos autorizará el publicar una historia de esas que aquí tanto nos gustan, pues no solo habla del café y de Teocelo, también de una maravillosa tradición que lo rodea.
El silbato.
Guardián sonoro de la historia y la prosperidad.
Por: Raúl de Arcángelis Martínez
En días recientes, los organizadores del evento Festival del Café con Pan en la pintoresca población de Teocelo me plantearon una interesante propuesta: revivir una antigua costumbre, la de hacer sonar un silbato cuyo peculiar tono emanaba de una caldera de vapor que forma parte del beneficio de café La Merced, una eficiente reliquia que ha estado en operación ininterrumpida durante cerca de 104 años. Sin embargo, cabe destacar que, por razones desconocidas, esta tradición dejó de resonar en las últimas décadas.
La solicitud de revivir este gesto casi olvidado despertó mi curiosidad y me llevó a indagar en el porqué de su abandono. Tras consultar con los colaboradores, ninguno pudo proporcionar una explicación concreta, sugiriendo la posibilidad de que el mecanismo encargado de emitir el referido chiflido se hubiera atascado en el curso del tiempo. La vida moderna y su vertiginoso ritmo parecían haber relegado esta práctica al olvido.
Aunque inicialmente no comprendía la insistencia de la comunidad en rescatar esta costumbre, la presión social y la expectativa palpable en cada encuentro con los habitantes de Teocelo revelaron que el sonido de este silbato tenía un significado más profundo para ellos.
La sorpresa llegó cuando, finalmente, el silbato fue reparado y sonó el domingo en punto de la una de la tarde. La reacción apasionada de la población, marcada por la alegría y lágrimas en los ojos, me desconcertó. La satisfacción por la reparación del silbato se mezcló con la desconexión respecto al valor que tenía ese sonido para la comunidad.
Este silbato solo resonaba en una época específica del año, marcando simbólicamente el inicio de la temporada de cosecha de café. Para la comunidad, este sonido no solo anunciaba la llegada de un periodo, sino que encarnaba la esperanza de que los esfuerzos del año se materializarían en una cosecha próspera. Este sonido, que durante tanto tiempo había quedado en el silencio, se erigía como un símbolo de buenos tiempos, de prosperidad y de unidad comunitaria.
La restauración de esta costumbre no solo implicó la reparación de un antiguo mecanismo, sino también la revitalización de un símbolo que conecta generaciones y encarna la resiliencia y la continuidad de una comunidad a lo largo del tiempo.
Los símbolos tejen historias significativas y mantienen viva la esencia de una comunidad a lo largo del tiempo. La importancia de esta tradición resurgida iba más allá de la simple reparación de un mecanismo antiguo; representaba la conexión profunda entre la historia y la vida de Teocelo.
Juntos, debemos perseverar para que tiempos más prósperos se manifiesten, y que el eco anual del silbato vuelva a resonar, marcando la continuidad de la esperanza renovada para nuestra comunidad.
Las tradiciones olvidadas pueden tener un valor mágico. La perseverancia y el esfuerzo para revivir esos pequeños tesoros pueden traer esperanza y prosperidad a toda una comunidad. Las tradiciones, pueden esconder tesoros mágicos que unen a las personas y hacen brillar a una comunidad.
Hermanos Raúl, Juan, Abelardo y Antonio Martínez,importante familia cafetalera de la región.
Saludos Xalapeños a todos y con dedicatoria especial a nuestros amigos del muy querido “Lugar del Tigre de Piedra”, Teocelo.
Mil gracias: